11.-José Gorostiza –> SE ALEGRA EL MAR


¿Cómo leer en bicicleta?
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¿Cómo leer en bicicleta?

¿Quiénes somos? || Visita nuestro blog || Visita nuestra Web || 18 noviembre 2008

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Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER
Domingo 22 de abril de 2007 Num: 633

¿Para qué sirve hoy la poesía?


Ilustración de Margarita Sada

Rodolfo Alonso

Si la poesía tiene todavía algún sentido, en estos tiempos de miseria, es cuando
continúa encarnando, a pesar de todo, aquello a lo que Wallace Stevens
aludió tan cabalmente en sus Adagia: “La dicha del lenguaje.” La sociedad
de consumo, la sociedad del espectáculo, nos han embebido en su atmósfera
estridente y demagógicamente chata, falsa en el doble sentido de
imitadora y deshonesta, que se ha convertido en el aire que respiramos, en
una seudocultura populista y no popular producida seductoramente por los grandes
medios masivos de incomunicación. Con sus efectos deletéreos sobre la
espontaneidad creadora de la gente, inclusive del lenguaje, especialmente del lenguaje.

La cuestión
es que si decae el lenguaje humano, decae la condición
humana. Porque no usamos el lenguaje, insisto, somos lenguaje. Y cuanto
menos lenguaje somos, somos menos humanos, menos hombre. Hemos vivido
acaso sin percibirlo una mutación, y ahora estamos inmersos no sólo en
una civilización cuyo centro ya no es el lenguaje, sino que incluso ataca las
fuentes del lenguaje. La crisis actual de la poesía no es entonces
quizá sólo la de un mero género literario, sino que, algo muchísimo peor,
es la manifestación máxima de una carencia muy profunda en cuanto
a la espontánea capacidad creadora de lenguaje por parte de los hombres.

Cada vez
que hubo una gran poesía, por alquitarada y elitista que pareciera,
siempre estuvo secretamente ligada, aunque fuera por oscuros meandros,
con una lengua viva realmente hablada por un pueblo, por una
comunidad. Ante la amenazante posibilidad de extinción de la gran
literatura ¿cada uno de nosotros debería, como ya lo anticipó Ray Bradbury
en su Fahrenheit 451, esconderse para preservar vivo, aprendido de memoria,
el texto de un gran libro? ¿O será suficiente seguir escribiendo el poema?

Porque “la
palabra no sería deliciosa si no significase una calidad”, ¿no es
cierto, Gabriel Miró? Y el hombre que labra amorosamente el lenguaje
que es a la vez suyo y general, íntimamente propio y al mismo tiempo de la
especie, el solitario que cumple después de todo la más significativa y
necesaria función social, pudo ser nítidamente percibido por Michel Butor,
ya a comienzos de la década de los sesenta: “El poeta es aquel que tiene
conciencia de que la lengua, y con ella todas las cosas humanas, está en peligro.”

Me parece
sin duda evidente que la comprensible y valerosa reacción
mundial de los ecologistas (a la cual hemos visto sumarse hace
poco tantos partidarios de la paz) ha logrado, hoy, llamar la atención
sobre las consecuencias deletéreas que la adicción suicida por el poder
global y la riqueza obscena ha tenido sobre la calidad de la vida humana y
de la vida sin más en nuestro planeta, poniendo el acento sobre los
daños geográficos, ambientales, concretos y visibles. Pero me temo que
todavía no se ha percibido la enormidad del daño psíquico, cultural, estético
y esencialmente humano que hemos sufrido para adaptarnos a esta maquinaria
que ha enloquecido, cuyo único y delirante objetivo es hacer más dinero
del dinero, hasta el infinito. Y que, en consecuencia, sería necesaria también
una lucha ecológica a favor de la condición humana, de la calidad humana de
la vida humana. Sin abandonar en absoluto lo otro, por supuesto. Hay un
agujero de ozono pero también un abismo (si es que no un cáncer) en el espíritu.

Como casi
todas las cosas del planeta, la poesía ha sido hoy completamente
desacralizada. Y si tal pudo ser acaso el objetivo de las vanguardias de
comienzos del siglo xx, seguramente no lo fue en el sentido actual. No creo
por ejemplo que la fuente-mingitorio de Duchamp tenga la misma longitud de
onda y la misma orientación de sentido que tantas “instalaciones” en frío
y tanto supuesto “arte conceptual” hoy extrañamente asumido como
neoacademicismo, casi siempre de carácter oficial y con patrocinadores
multinacionales que nada tienen que ver, ciertamente, por ejemplo,
con gente como Lorenzo de Médicis. Después de todo, ya en el siglo xvi,
Francis Bacon podía decir: “La verdad surge más fácilmente del error
que de la confusión.” Y sobre todo del error que es errar, errante. En lo
profundo, en lo visceral, cuando nos quedamos a solas y se acallan
los ruidos y se apagan las luminarias, Rimbaud sigue en cuestión, y
cuestionándonos.

Y para
concluir, al menos por ahora, enfrentemos nuevamente aquella misma
consabida pregunta, de una inocencia demoledora, que alguna vez me
planteó en público un colega venezolano: “En la época que vivimos,
¿qué misión le asigna usted al poeta?” ¿Cómo evitar decir que quisiéramos
que el poeta fuera capaz con su trabajo a la vez de realizarse como persona
y de ayudar a todos sus hermanos, de enunciar la palabra necesaria,
imprescindible y única, la palabra a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía
del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo,
y a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino
también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían
destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse
saludablemente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo
de la vida y de lo humano? Ni traicionarse, pues, ni traicionar a los otros;
y además, no traicionar la propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno
ha venido a traer al mundo. Y siendo uno ser la especie, tan bellamente bárbara
e intuitiva como trágicamente condicionada por las culturas que se ha hecho
o le han impuesto. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de la
utopía sin la cual no merece la pena vivir. Y ser también, al mismo tiempo,
la conciencia de nuestra irrisoria pero desmedida condición. Lo que somos,
lo que podríamos ser, quizá lo que seremos. Pero bien sabemos que, por
ahora, la única gloria honestamente deseable ya no es siquiera ni la de vivir
en el corazón de los otros, de algún otro, sino más humilde y sabiamente
el honor y el placer, la angustia y la ansiedad de haber escrito, de
haber sido capaz del poema, que por nosotros circuló y ahora está vivo,
fragante y tibio, latente carne de lenguaje, recién amanecido, temblorosamente
inclinado, tendido, hacia los otros, hipócritas o no, semejantes, hermanos.

https://i2.wp.com/galeon.com/comoleerenbicicleta/elementos/mano-44.gifLA OBRA de hoyhttps://i2.wp.com/galeon.com/comoleerenbicicleta/elementos/mano-44.gif

https://i0.wp.com/galeon.com/comoleerenbicicleta/img_01/tia_julia.jpg

ARTISTA: Juan Soriano

TITULO MANO Mi tía Julia

TECNICA MANOÓleo sobre madera
MEDIDAS MANO no tenemos el dato
AÑO MANO 1938

Luis Hernández Navarro

El horizonte zapatista

“Ya se mira el horizonte”, dice la primera estrofa del himno zapatista. Ese
horizonte no es un destino lejano o inalcanzable. No es una
idea abstracta. Al menos en parte, las comunidades en rebeldía del sureste
mexicano lo han convertido en un hecho real.

Este lunes 17 de noviembre se cumplieron 25 años de la fundación del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Dos décadas y media de
una experiencia que ha transformado la política y la sociedad
mexicana y que ha inspirado de múltiples formas al archipiélago altermundista
que en multitud de países lucha por otro mundo.

El zapatismo ha construido una de las experiencias autogestionarias
más profundas y renovadoras de cuantas se hayan gestado en América
Latina: la Comuna de la Lacandona. A pesar del cerco militar y la ofensiva
económica en su contra, las comunidades en rebeldía se han dado
a sí mismas formas de autogobierno estable, viven conforme a sus normas
y se han hecho cargo de su propio desarrollo.

Lejos de desgastarse con el tiempo, el paso de los años consolida y
profundiza su laboratorio de futuro alterno y de otra política. La autonomía
es aquí no sólo una propuesta o una reivindicación política, sino un
hecho práctico, una experiencia sistematizada;
es pensamiento con los pies en la tierra.

Esa hazaña de resistencia rebelde es referencia y estímulo para millones
de indígenas en todo el país. Es una demostración de que la
autonomía de facto es posible. Es la evidencia de que hay quienes
no se rinden ni se venden.

Durante 15 años, cuatro administraciones federales y seis estatales han
destinado multimillonarios recursos para contener y acabar con
el zapatismo. No han podido hacerlo. A pesar de que han gastado miles
de millones de pesos en obras públicas, proyectos productivos,
despensas y dinero en efectivo para comprar voluntades,
no han podido apagar la llama de la dignidad indígena. Los alzados no
aceptan un solo peso de los gobiernos.

El dinero gubernamental ha ido de la mano del garrote. El acoso
policiaco-militar en contra del levantamiento no cesa. El Ejército Mexicano
mantiene acuartelados en la zona rebelde a miles de hombres.
Los patrullajes son constantes. Sin embargo, ni esa presencia ni la de las
distintas policías han logrado desarticular la resistencia.

Entre las consecuencias inmediatas que el levantamiento
zapatista tuvo para el movimiento social se encuentra haber
construido una visión de lo que es posible
alcanzar en la lucha, mucho más amplia del existente hasta 1994. El margen
de acción estatal es menor, y las concesiones que debe
hacer a las organizaciones, mayores. Aunque no siempre
lo sepan ni lo aprovechen, los movimientos
independientes tienen hoy un espacio mucho
más amplio para su desarrollo.

Desde 1994, cuando se instaló la Convención Nacional Democrática,
los zapatistas han convocado diversas iniciativas para organizar y dar cauce
al descontento nacional. En la mayoría de los casos han propuesto que sean otros
quienes las encabecen. Hasta la otra campaña, ninguna tuvo éxito:
naufragaron en medio de las disputas internas por el poder de las distintas
personalidades y corrientes de izquierda. La otra campaña espera aún su
gran prueba de fuego. Sigue pendiente la difusión de un programa
nacional de lucha y la demostración de hasta dónde llegaron a cuajar las
redes de solidaridad y acción que se construyeron en el camino.

Los zapatistas mantienen grandes simpatías en el
mundo indio, entre jóvenes,
campesinos pobres y colonos urbanos. En cambio, el apoyo de que
disfrutaron entre importantes capas del mundo intelectual se ha desvanecido.
La solidaridad que alguna vez tuvieron de franjas amplias de la izquierda
partidaria se ha trocado en franca animadversión. Muchas de las ONG
que alguna vez estuvieron cerca de su causa se han alejado.

El levantamiento de 1994 reanimó y estimuló la formación de importantes movimientos sociales reivindicativos y opositores.
Durante años el EZLN fue un catalizador de protestas sociales de muy
distinto signo fuera de su área de influencia directa. Hoy esa
función parece haber llegado a su fin. Los zapatistas
parecen haber privilegiado la construcción de sus propias fuerzas.
Movimientos políticos y sociales relevantes fuera de su órbita de ascendencia
no han merecido de su parte expresiones explícitas de solidaridad.

Los zapatistas han trazado muy claramente una línea de separación entre sus amigos y quienes no lo son, incluidos muy
importantes actores de izquierda. Una
parte importante de sus antiguos aliados del pasado han dejado de serlo por
diversas razones. El comportamiento de los legisladores el Partido de la
Revolución Democrática (PRD) en la aprobación de ley indígena, las reiteradas
prácticas represivas del gobierno perredista de Chiapas y la presencia de
connotados caciques en sus filas han cerrado las puertas a cualquier colaboración
con la clase política que se reclama progresista. Aunque denunciaron el fraude
de que fue objeto, los zapatistas se deslindaron muy claramente de la
campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador y no fijaron una posición
pública sobre el movimiento en defensa del petróleo.

Las difíciles condiciones de su lucha y la disciplina militar con la que actúan los  lleva, en ocasiones, a juzgar severamente a
muchos de sus amigos y aliados.
La enorme complejidad de la lucha social en el país no ha sido siempre
registrada en sus decisiones políticas.

Como ha sucedido reiteradamente desde 1994, hay quienes ahora aseguran
que los rebeldes han dejado de tener impacto en el país. La experiencia muestra
que quienes afirman esto se equivocan. Los rebeldes han regresado al
centro de la política nacional con éxito, una y otra vez. Si bien algunas de
sus definiciones políticas puedan haber sido equivocadas, cuentan con
un capital ético enorme, que les otorga credibilidad y capacidad de convocatoria.

El zapatismo representa una ruptura formidable con los viejos modos de
hacer política, que, a pesar del paso de los años, conserva su frescura. A 25
años de fundado el EZLN, su horizonte está aquí y seguirá haciéndose sentir.


mano
http://www.jornada.unam.mx/2008/11/18/index.php?section=opinion&article=019a1pol


José Gorostiza

SE ALEGRA EL MAR

A Carlos Pellicer

Iremos a buscar
hojas de plátano al platanar.

Se alegra el mar.

Iremos a buscarlas en el camino,
padre de las madejas de lino.

Se alegra el mar.

Porque la luna (cumple quince años a pena)
se pone blanca, azul, roja, morena.

Se alegra el mar.

Porque la luna aprende consejo del mar,
en perfume de nardo se quiere mudar.

Se alegra el mar.

Siete varas de nardo desprenderé
para mi novia de lindo pie.
Se alegra el mar.
Siete varas de nardo; sólo un aroma,
una sola blancura de pluma de paloma.

Se alegra el mar.

Vida —le digo— blancas las desprendí, yo bien lo sé,
para mi novia de lindo pie.

Se alegra el mar.

Vida —le digo— blancas las desprendí.
¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!

Se alegra el mar.


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